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LA TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS. Una idea para abrir boca…

15 Ago

Mucho ha indagado la psicología social respecto a la vinculación entre ambiente y comportamiento.  Uno de los estudios de interés en esta temática propició lo que hoy se conoce como la Teoría de las ventanas rotas y que a la postre motivó la investigación realizada por Philip Zimbardo, que se reseña al final.

Mientras las teorías ambientalistas proponen que la conducta es producto del contexto sociocultural por medio de factores como la educación, índice de marginación, estatus socioeconómico o conductas racistas o dsicriminatorias, la teoría referida sostiene que: una ventana rota que no se arregla incita a romper más ventanas, el desorden invita a delinquir; es decir, el desinterés, el abandono propician condiciones adversas que fomentan conductas como las delictivas.

Por esta teoría, elaborada por James Q. Wilson y George Kelling, se basa en la premisa de que el crimen es el resultado inevitable del desorden; los investigadores reportaron que el crimen, en cualquier centro urbano, era mayor en las zonas donde prevalecía el descuido, la suciedad y el maltrato a los bienes públicos, lo cual representaba que una ventana rota en un edificio, si no era reparada pronto, era el antecedente para que el resto de las ventanas fueran dañadas.

Pero no sólo las ventanas rotas, sino el desorden general: basura amontonada en las calles, la falta de iluminación, edificios abandonados o descuidados, pueden crear un entorno de desorden social que fomenta, entre otros fenómenos, la delincuencia.

Tomadas de Larrauri (2007), se reseñan tres diversas versiones de la teoría de las ventanas rotas  desde la perspectiva de Taylor (2001).

La primera tesis se atribuye entre otros a Wilson quien partía del hecho de que la  gente tiene más miedo del que correspondería a la posibilidad objetiva de ser víctima de un delito. De esta percepción se derivaron dos ideas recurrentes en la criminología: a) el miedo de la población constituye un problema por sí sólo, pues afecta a la vida de los ciudadanos y, en últimas, a su confianza y satisfacción con las instituciones; b) el mayor miedo existente obedece  probablemente a que la gente reacciona no sólo al (incremento del) delito sino también al desorden.

Importa destacar para entender los cambios subsiguientes que esta primera formulación de la teoría no establece ningún vínculo entre desorden y delito o victimización. Lo único que sugiere es que hay una relación entre desorden y miedo al delito, siendo la hipótesis que a mayor desorden percibido, mayor será el miedo al delito.

La segunda versión corre a cargo de Wilson y Kelling (1982) y se diferencia de la anterior en tres formas: a) el desorden no sólo produce más miedo sino que ocasiona más delito; b) aparece formulada de forma longitudinal, esto es, el desorden en las comunidades contribuye por medio de diversos procesos sociales –surge el miedo, se evita salir a la calle, señales de ausencia de vigilancia informal- a que en estas zonas se produzcan más delitos; c) se atribuye a la policía el rol de combatir las incivilidades como medio de reducir el delito.

Esta es sin duda la formulación más conocida, y la que intenta ser confirmada o desmentida empíricamente para comprobar si en los barrios en que existe más desorden habrá más delito, esto es, si el desorden por sí solo, controlados los otros factores que contribuyen a la realización de delitos, predice la existencia de un mayor número de delitos.

La tercera versión es la de Skogan (1990, citado en TAYLOR, 2001) quien añade como consecuencia del desorden el declive urbano del barrio, el modelo de Wilson se identifica de dos maneras: primero debido a que incluye como resultado cambios ecológicos, en concreto el deterioro de una zona urbana; segundo, debido a que vincula factores estructurales (pobreza, inestabilidad y composición racial) como explicación de las incivilidades y de la degeneración de las comunidades urbanas.

A la luz de lo que sucede en México y el entorno de inseguridad que se percibe en todo el territorio se abren diversas posibilidades de estudiar el ambiente que vive cada ser humano en particular y los diversos sectores y segmentos de la población en general. estudiar el ambiente es estudiar al individuo que lo crea y lo transforma, pero también que en forma simultánea va moldeando al mismo sujeto que lo crea.

Larrauri Pijoan, Elena. (2007). Ayuntamientos de izquierdas y control del delito, en Conferencia de Clausura del IV Congreso Español de Criminología, Revista para el Análisis del Derecho, España, Universitat Autònoma de Barcelona.
Taylor, R. (2001), Breaking away from Broken Windows. New York: Westview Press.
 
2 comentarios

Publicado por en 15 agosto, 2011 en INFORMACIÓN

 

2 Respuestas a “LA TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS. Una idea para abrir boca…

  1. Eduardo Antonio Alcantara Sanchez

    7 diciembre, 2011 at 14:40

    Si lo gobiernos nacionales y sub nacionales entendieran que muchos de los impactos sociales dependen de como estan atendiendo a la población, no tendriamos muchos problemas sociales, pues las soluciones que dan son a los efectos de impacto social pero menos atacan a las causas de los problemas… muchos gobiernos muestran sus inversiones pero no sus impactos o cambios en la población… pero si nos analizamos personalmente, las decisiones tomadas para elegir a nuestros gobernantes tambien son “una ventana rota” por lo que como nuestro amigo de Mexico manifiesta, que los cambios parten por las personas individuales y queda de tarea elegir bien y por lo pronto desde donde estemos, aportemos al desarrollo y cambio de las personas, enriqueciendo sus capacidades y conocimientos, eso es ejercer ciudadania el cual involucra mis derechos en un 100% y mis responsabilidades en un 200%.

     
  2. Julio Eduardo Alcántara Sánchez 801

    18 agosto, 2011 at 18:17

    si en México los ciudadanos aprendiéramos a elegir a nuestros gobernantes y demandar lo que en verdad nos debiese interesar, y no andar armando mitotes por el niño ya ahogado esta teoría no tendría mucho de que hablar en nuestro país, pero gracias a Dios nací en México y por lo tanto me corresponde actuar para no contribuir más a lo que se refiere esta teoría.

     

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